viernes, 2 de junio de 2006

Esperando a Superman (I): el extraño Sr. Kent

A la gente le suele resultar increíble Superman. Puede volar, mover montañas, imitar bastante bien en el aire a un pájaro o a un avión -hasta el punto de ser confundido habitualmente con ellos- y su repertorio de poderes incluye, lo creáis o no, el superaliento y la superventriloquía.

Pero para increíble, increíble, Clark Kent. Aparte de la crítica evidente y ya tópica de cómo unas gafas de pasta pueden hacerte irreconocible ante todos aquellos que a diario te tratan en tus dos identidades, hay una serie de características que hacen de Clark un personaje mucho más extraño e inverosímil que Superman:

En primer lugar, Clark Kent llega de Kansas y consigue en su primer día en la gran ciudad convertirse en reportero estrella de un diario, el Planet, que debe ser algo así como el New York Times. Así por las buenas. Gracias a la serie Smallville sabemos que colaboró –ni siquiera editó- en el periódico de su instituto: un currículum brutal que hace a cualquier redactor jefe hincar sus rodillas en el suelo cual Saulo de Tarso.

En segundo lugar, y teniendo en cuenta que el espectro de ocupaciones de Superman abarca desde ayudar en grandes desastres hasta bajar un gato de un árbol, Clark Kent siempre está ausentándose de su puesto de trabajo con los motivos más peregrinos. Pese a ello no sólo no lo han despedido sino que ni siquiera lo han amonestado. “Bien, es un reportero, está por ahí en busca de noticias”. Cierto, tener la exclusiva sobre Superman garantiza buenos contenidos... salvo en el caso del gato.

En tercer lugar, Kent siempre lleva buenos trajes, completos y muy bien planchados, que deben valer una pasta –incluso para un reportero de su “caché”- y que tira a diario por cualquier parte. Me imagino a los habitantes de Metrópolis mirando en las cabinas en busca de corbatas. Y a Lois: “Ahora lo entiendo todo, Jimmy... ¡Superman es Carrascal! ¡Premio Pulitzer, allá voy!”
Lo que nos lleva al cambio de traje y a la dichosa cabina telefónica. Si el vídeo mató a la estrella de la radio, ¿la era del móvil es el fin de Superman? Sea cual sea la respuesta, una cosa está clara: la capacidad para quitarse un Armani -con chaleco y corbata incluidos- dentro de una cabina, o para ocultar una capa de metro ochenta de largo por un metro de ancho bajo una camisa de algodón y unos pantalones planchados a raya, son grandes superpoderes en sí mismos.

6 comentarios:

eD dijo...

La verdad, son cuestiones que nunca me había planteado.

Pero ahora que lo pienso, en pleno vuelo alrededor del mundo, ¿como se lo hace si tiene ganas de echar un pis?
¿baja, se compra un traje de Armani, se cambia y en un bar consume un café para poder hacer uso del servicio? No olvidemos que Superman nunca haría nada incorrecto, sin embargo ¿y si lo hiciera en pleno vuelo? ¿deberia sacarse solo el calzón rojo, o quizas las mallas sean de una pieza y tendría que quedarse en pelotas? ¿Disfrutará tambien del poder de la supermicción? ¿Pudiere acaso acabar con la sed en el mundo?

Aaaaah, tantas preguntas sin respuesta y yo sin cerveza alguna.

eD dijo...

Por cierto, no os perdais el último trailer del Motorista Fantasma.

http://www.youtube.com/watch?v=T29Hc7yaeXI

Las llamas del infierno os llevarán a la locura!!! bwahahaha!!!

Víctor Eme dijo...

Recuerdo una conversación entre Javim y yo (en un bar a altas horas de la madrugada, como tantas otras veces) imaginando a Clark Kent entrando al baño en un pub con el suelo encharcao de meaos, y teniéndose que bajar los pantalones, los calzoncillos rojos, los leotardos y apartando la peaso capa (fregaría medio suelo con ella) antes de aliviar el apretón...

creumont dijo...

Joder... muchas cervezas debíais llevar encima, amigos ¡¡Es para que se te vayan las ganas de seguir bebiendo!! Pensad que después tendría que volver a ponerse el traje de Armani ¡¡¡SOBRE LA CAPA MEADAAAAA!!! Pobre Clark, nunca olvidaría esa noche (y encima, de esa guisa, a ver quien es el guapo que se lleva una gachí al apartamento... Ese sí sería un superpoder cojonudo)

javim dijo...

Esta conversación os dará una idea de la clase de bares de alto standing que frecuentábamos, y las elevados temas de nuestras conversaciones. Pero las conversaciones duraban poco, enseguida nos poseían el espectro de la lengua de trapo y el fantasma que asiente y se rie aunque no ha entendido lo que ha dicho el otro.

Jesús G. dijo...

Frikis, más que frikis.
Con lo normal que es hablar de fútbol, de motos y de tías.