Vivir en un lapsus
En el mundo en que vivió mi padre la polarización en bloques era una realidad inmutable, y la URSS un imperio que duraría para siempre. De alguna manera, parecía que el enfrentamiento capitalismo/comunismo era un binomio ying/yang que estaría presente en nuestro mundo para siempre.
Cuando mi padre falleció, en marzo de 1988, se intuía una posible relajación del régimen soviético -la perestroika y la glasnost abrían muchos telediarios-, pero ni mucho menos se podía prever su disolución a un ritmo tan desenfrenado. De hecho, a principios de los 80 Mike Baron y Steve Rude representaron en su serie Nexus a un Imperio Soviético que se había extendido por el espacio. Y sin embargo, tan sólo un año y medio después de la muerte de mi padre el muro de Berlín cayó como si fuese de papel, y ya en 1991 la Unión Soviética se hundió como el Titanic en las lagunas de la historia.
Y ahora tomemos como ejemplo a Francisco Ayala, escritor nacido en 1906 y fallecido hace unos días, en 2009. Por sus ojos ha pasado la Primera Guerra Mundial, el comunismo, los fascismos, la guerra civil, el exilio, la guerra mundial y la caída del nazismo, la guerra fría, la llegada del hombre a la Luna, la caída del muro y del bloque soviético, un zambombazo que derriba las Torres Gemelas, y un presidente negro en EE.UU.
Sin duda no hay nada como quedarse a ver la película completa.






