lunes, 7 de noviembre de 2005

Me voy a inmolar en el deposito molecipal.

De las millones de cosas que hay en el mundo a las que el ser humano busca explicación (o no), creo que uno de los mayores misterios a pequeña escala de nuestra ciudad y que merece estudio de cátedra, es la grúa molecipal. ¿Bajo qué premisas existenciales desarrolla su trabajo? ¿La selección aleatoria o a la buena de Dios de éste si éste no, o por el contrario existe una conjunción probabilística influenciada por el efecto mariposa que condiciona el coche elegido? Sé que mi corto entendimiento no conseguirá desentrañar la razón que provocó que el sábado a las 3 de la mañana, en una ciudad infectada de coches mal estacionados, éste ente molecipal decidiera retirar mi coche de la vía urbana, mientras respetó la vida de otros hijos de puta que habían tenido a bien dejar su coche a 20 metros del mío subido literalmente encima del paseo de Alfonso X, o ese otro que en el mismo sitio que el mío (un jodio paso peatones) diametralmente opuesto, seguía impasible obstruyendo el paso a mi llegada, recibida con displicencia por la puta pegatina fosforito.

Así que he decidido inmolarme en el depósito molecipal. A tomar por culo.



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