lunes, 5 de septiembre de 2005

Historias Peregrinas (I)

A Tomás le tocó nacer en Santibañez de Valdeiglesias. Eso significa que, en un pueblo con 70 habitantes de fijo, a la mayoria de las personas las atropelle el tiempo. Y eso le pasó a Tomás; se le cayó el tiempo encima. Trabaja (en el menos estricto de los sentido, no por holgazán, sino por falta de demanda de servicio) en el Centro Social del pueblo, que se jalona con una barra de bar, cuatro mesas de las de formica marrón levantada en los bordes del tablero, y una nevera con quintos de cerveza que procura no servir de una a algún cliente festero porque se queda sin provisiones hasta que alguien se las traiga del pueblo vecino. Porque no lo he dicho, pero en este pueblo no hay NADA: ni panadería, ni supermercado, ni farmacia, ni nada de nada; solo casas habitadas por soledad y cuyas ventanas cerradas a cal y canto te reciben al llegar.

Aqui llega todo por carretera o camino; y esto es lo único que mantiene con vida a Tomás; el Camino de Santiago cruza el poblado, y pasa justo por la puerta de su local. El albergue de peregrinos (regentado por una cubana de 60 años que te da de cenar spaguetis y sopa castellana a las 19:30) está junto a su puerta, por lo que todos desembocan en su bar en busca de comida. Éste fué nuestro caso; a pleno caneo de las 14:00 de un dia de agosto, mientras su mujer nos preparaba comida en su propia casa, Tomás nos contaba su devenir diario; de como terminó en el bar, de como no se desarrolla la vida en el pueblo, y de como los peregrinos lo mantienen con vida (a él, no al pueblo).

Y mientras le mirabas la cara arrugada y surcada de dudas, te dejaba las ideas claras; "en el pueblo donde yazcas, con el cura ni a bien ni a mal. Así te ahorras de problemas".Nos dio de comer, nos dio de beber, y nos enseñó su espera paciente a ver llegar la vida por un camino que viene de lejos y marcha más lejos aún; "¿Por qué hace la gente el Camino?" nos preguntaba. Y sonriente se imaginaba los lugares por donde pasábamos y que el ya no vería. Pero yo si espero verte la próxima vez que pase por delante del Centro Social de Santibañez de Valdeiglesias, donde las mujeres, al terminar de lavar la ropa a mano en una poza, se despiden de ti con un "Que la fuerza os acompañe" que te deja helao.

Ta otra, Tomás. Y gracias.

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