miércoles, 5 de enero de 2005

In Memoriam.

Aquella época era la de sentirse identificado con el Tito o el Piraña; Verano Azul hacía estragos en la mentalidad infantil-juvenil de aquella época. Encima teníamos La Bola de Cristal para alienarnos en la dirección adecuada a la absorción absoluta de todo lo que oliera a música, cine o libros. Nos había quedado claro que si no queríamos ser como ellos, teníamos que leer. Y aunque ya anteriormente he mencionado las famosas fuentes de perversión culturales de las que nos proveíamos Victor Eme y yo, ahora le voy a poner nombre; mi primohermano Miguel se encargaba de mí. Pasar 21 veranos juntos es mucho devenir. El caso es que por edad (me adelanta 7 años) y por medios (económicos, por supuesto), el me sacaba cuatro cabezas. Asi que me pegaba a él como una lapa cuando se compraba un disco o lo que era mejor, cuando íbamos a comprar tebeos. Y de esos sitios que uno ahora piensa que en realidad nunca existieron, el que más era una pequeña cochera que para nuestra fortuna mental un tipo de camisa anudada y bermudas a juego con el mal genio, regentaba en nuestra playa. Allí que hacíamos excursiones periódicas a rellenar la despensa; montañas sin clasificar de tebeos; Flash Gordon, Los Vengadores, La Patrulla X (estamos hablando de año 85/86/87/88…).
Y un día, encontramos lo que reseño en la foto; el tebeo de un tal Spirit, que nos llamó la atención. El tio no era un superhéroe, era en blanco y negro, y el dibujo era rarísimo. Pero lo compramos por 25 ptas (este mismo ejemplar que aún conservo). Y desde entonces hasta ahora el alucine con Spirit no ha cesado; la maestría del Sr. WILL EISNER (así, con mayusculas) nunca me ha dejado de sorprender. Y tuvo que ser en el año 2003 cuando (como no) acompañados de Victor Eme, dimos con nuestros huesos en el Salón del Comic de Barcelona; y aún no salgo de mi asombro cuando, caminando por la acera de una calle cercana, se acercó el tipo de la foto e incrédulos como no os podeis imaginar, nos acercamos a él: “Excuse me; are you Will Eisner?”, le preguntamos. Y el hombre, tan asombrado como nosostros nos contestó afirmativamente. Y le dimos las gracias por todo su trabajo. Y nos hicimos una foto con el , mientras su esposa y la de Victor Eme nos miraban sonrientes. Nunca lo olvidaré.

Adios, maestro.



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